La alimentación de los niños: Cómo relacionarse con la comida

La hora de comer es uno de los momentos que genera más ansiedad a madres y padres por el temor a que el hijo se debilite o no crezca lo suficientemente bien. Cuando los niños no comen, se disparan las alarmas. Los padres experimentan un sentimiento de culpabilidad, de inseguridad, piensan que no conseguirán abordar satisfactoriamente un aspecto tan relevante como es la alimentación. Precisamente, este nerviosismo puede provocar que el hijo viva el acto de comer como un momento de sufrimiento, de presión y realmente termine por comer mal.

Un sinfín de problemas surgen porque los padres se autoexigen demasiado dada la etapa en la que se encuentra su hijo. No se dan cuenta de que, en realidad, el niño está haciendo lo que le corresponde para su edad.

Desde el punto de vista de un crío, lo que más le interesa es relacionarse con sus cuidadores y divertirse comiendo. En cambio, lo más importante para los padres es que el niño acepte los alimentos que van introduciéndose en su dieta y que los coma en suficiente cantidad. Esta diferencia de objetivos es la razón que motiva los principales conflictos en este terreno.

El niño se encuentra en una etapa en la que está construyendo su relación con la comida. Se halla en un momento de descubrimientos y de adquisición de hábitos, en los que muchos de sus aprendizajes se vehiculan a través del juego. Mientras come se está vinculando con la familia, ejercita los sentidos, la motricidad… Por ello se entretiene con los alimentos, los toca o los tira al suelo. Una mosca le distrae, aprovecha cualquier excusa para jugar. Es un momento en el que los niños están adquiriendo los principales aprendizajes básicos y absorben el mundo que les rodea.

Y otro aprendizaje en ciernes que está en fase de desarrollo, de los tres a los seis años, es la reafirmación del yo. El chiquillo se encuentra en una fase de oposición en la que necesita reivindicarse, proteger su autonomía negando las imposiciones parentales. En la medida en que se opone a los demás, aprende a confiar en sí mismo. De modo que, cuanta mayor sea la exigencia que percibe el niño en torno a la comida, más se empeñará en hacer justo lo contrario de lo que se le pide. Por ello, mejor que no sospeche que «necesitáis» que coma en abundancia, porque es fácil que ante tal circunstancia se niegue a comer. ¡¡¡Aunque esté hambriento!!!

Esta fase de oposición constituye una etapa más del desarrollo por la que es bueno y normal que pasen. Se oponen de manera sistemática. Se trata de ser conscientes de ello, tener paciencia y establecer unos límites firmes pero sin conceder importancia al aire impositivo que adoptan los niños a estas edades. Si empieza a tirar la comida, se le puede decir «Veo que no tienes apetito. Si no vas a comer más, retiro el plato». Y si responde que no quiere más, sencillamente retirarlo. Sin gritos, ni rabia o enojo, pero de manera seria. El crío os pondrá a prueba constantemente, ideará estrategias para, de una manera u otra, jugar comiendo. Hasta cierto punto es positivo que así lo haga, por la fase de desarrollo en la que se encuentra. Pero, por otro lado, debéis impedirle seguir por ese camino cuando ya veáis que se está extralimitando, para que se dé cuenta de que no debe comportarse de esa manera.

Respondemos con ira cuando pensamos que una situación se nos va de las manos, que no acertamos a controlar. Un niño que juega con la comida o que nos provoca, no es un niño descontrolado. Simplemente explora el mundo e intenta conocer hasta dónde puede llegar. Quiere saber qué reacción tenemos ante su forma de actuar. No cabe duda de que es preciso ponerle límite, una vez y las que haga falta, pero la criatura tiene que seguir intentándolo. Y nosotros ejerciendo el límite. Y así sucesivamente, día tras día. Y todos los que sean necesarios, ¡hasta que pasa a otra fase!

Otro aspecto significativo es que el niño pequeño se construye una imagen de sí mismo, también en relación con los alimentos. Por ello, cualquier comentario que le dejéis caer va a influir en cómo se ve y mayor propensión tendrá a creerlo y a comportarse según la manera en que le decís que actúa: que si come mucho o poco, si está delgado o gordo, si juega mucho o se queda ensimismado, etc. Va a interiorizar lo que oiga como una etiqueta y se identificará con aquella manera de actuar. Como una fuerza interior que le empuja. Por este motivo, prestad atención a los comentarios que hagáis a pesar de que parezca distraído. Evitad decirle que es aquello en lo que justamente no deseáis que se convierta.

La alimentación realmente es todo un mundo para los niños. Para ellos se trata de un momento en el que aprenden a interactuar y viven experiencias emocionales junto con la propia familia. Por ello, lo más importante es que las comidas se desarrollen en un ambiente tranquilo. Que vea que disfrutáis de los alimentos, de compartir mesa. Si puede ser, sin otras distracciones como la televisión ya que interfieren con este momento y acaparan la atención. No siempre es posible, ya se sabe. Tampoco se trata de buscar el objetivo de estar siempre bien y de buen humor. Esto sería irreal. A vuestra manera, intentad sentiros a gusto. Explorad la comida, disfrutadla, hablad de todo un poco…

No vais a poder gozar de este momento si albergáis unas expectativas demasiado elevadas acerca de lo que debe comer vuestro hijo. Un niño de hasta 6 años de edad tiene unos requisitos bastante reducidos en cuanto a la cantidad de comida se refiere, muy distintos de las necesidades nutricionales de un adulto. De entrada, resulta más apropiado empezar por poner poca cantidad de comida en el plato y, si tiene más apetito, añadirla gradualmente. Normalmente, el niño pierde el interés ante un plato a rebosar. Es más importante que coma variado, en pequeñas cantidades. Esto siempre le divierte más y le permite explorar nuevos sabores. No pasa nada si en una comida no come demasiado, lo compensará en la siguiente.

En ocasiones los niños pasan por etapas en las que no tienen tanto apetito o se encuentran enfermos y comen menos, esto es normal. Lo mismo que sucede con los adultos que no siempre comemos igual, en función de cómo estamos. Para que un episodio de pérdida de apetito sea considerado como trastorno alimentario deben transcurrir semanas bajo la constante de que el niño muestre el mismo comportamiento en las comidas.

Las rutinas ayudan mucho a los niños, también en cuanto a la comida se refiere: establecer un lugar concreto y unos horarios regulares, poner la mesa juntos, usar las mismas frases para indicar que nos disponemos a comer o a la hora de terminar…

Las comidas no deben dilatarse más de la cuenta, idealmente no superar los cuarenta minutos, a no ser que el resto de personas pasen más rato, pero no lo demoréis más de lo necesario por el niño. Es muy importante que asocie la hora de comer con un momento interesante, no con una tediosa obligación. Cuando lleve un rato sin comer, preguntadle si quiere más. Si dice que no, retiradle el plato sin hacerle ningún comentario ni regañarle, con indiferencia.

Es preciso evitar comentarios sobre si vuestro hijo come o no y no forzarle a que lo haga. No mostrar signos de ansiedad o preocupación al respecto. Los niños tienen un radar emocional, captan nuestro estado de ánimo y se les contagia nuestro malestar. El crío puede ponerse nervioso, con lo cual ya tenemos el conflicto servido. Fingid no prestar atención a si está comiendo. Hablad en la mesa acerca de la propia comida (esto está bueno o malo, qué aspecto tiene, etc.) y también sobre otros temas, explicar anécdotas, bromear…

Lo más importante por encima de todo es tener paciencia. Comprender que se trata de un aprendizaje progresivo y global. Estad tranquilos: por poco que coma, es suficiente. La hora de comer es un momento muy significativo, en el que vuestro hijo está aprendiendo a disfrutar de los alimentos, de las relaciones. Le resultará fundamental para su vida. No se trata de rebañar el plato a cualquier precio, sino de poder disfrutar de la propia situación. En realidad, está aprendiendo a saborear la vida.

¡¡¡Que disfrutéis de la comida!!!

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